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  • Foto del escritormarianaland

El sentimiento fantasma



Hoy en mi práctica de meditación me encontré con muchas emociones, unas conocidas y unas nuevas... pero había una en particular que yo no quería sentir, quería que se fuera, ignorarla, que no existiera. Como un fantasma.

Es chistoso, porque pude reconocer que he venido peleando por mucho tiempo esta emoción, la sentí conocida, casi familiar. Pude reconocerla porque por unos días mi cuerpo se sentía tan incomodo y tan asustado de sentirla, que estuve paralizada. Esta no es la primera vez que reacciono así por una emoción que no quiero sentir, por evitarla, por no enfrentar al fantasma. Yo me mantenía firme y segura que al esconder este fantasma, al no reconocerlo y al poner esta emoción en un lugar de olvido dentro de mi, un día se iba a ir y no tendría que pensar en ella de nuevo. La negación -asumí- era la solución perfecta.

Me volví master en la práctica de la negación y hasta por un tiempo pensé que estaba "funcionando" hasta que hoy se hizo tan grande que no pude ignorarla más: El Fantasma estaba frente a mí y yo no tenía a donde correr.


Este fantasma me daba tanto miedo que no podía salir de mi casa. Que no podía pensar. No podía actuar. Perdi la visión de todo lo que quería. Hasta que un día no pude más y decidí ignorar al fantasma y salir de todos modos. El fantasma me siguió. Se vino conmigo. Se subió a mi coche. Negoció conmigo en mi trabajo. Saludó a mis clientes a mi lado. Quiso comerse todo lo que tuvo en frente. Y yo lo dejé estar conmigo, pero no tomar el control. No me gustó ni un minuto. Todo el tiempo estuve incomoda. Todo el tiempo tuve miedo. Y entonces empecé a temer que a lo mejor este fantasma era una parte de mi. Una parte de mí que estaba escondida y que por fin estaba encontrando la luz y que me iba a enseñar la cruda verdad, la horrible verdad, la terrible realidad de la vida que vivo y la persona que soy. Ese era un riesgo que yo no estaba dispuesta a correr. El fantasma que pretendía arruinar mi vida tenía que quedarse en las sombras y yo estaba dispuesta a hacer lo que fuera, para que así sucediera. Decidí volver a practicar el evitarlo e ignorarlo a toda costa, pretendiendo como me enseñaron, a decir y a actuar como si todo estuviera bien. Pero el fantasma no se rindió... regresó, volvió a aparecer.


Decidí bañar al fantasma en agua helada. Decirle que se podía quedar pero que yo mando. Que yo soy la voz. Yo soy la guía. La dirección. Yo pongo la pauta. Al fantasma no le gustó esto. A mi cuerpo, menos. Porque el fantasma vive en mi cuerpo entonces tuve que aguantar su berrinche. Repetí el comportamiento y agregué otros más, incluido el ignorar por completo lo que mi cuerpo sentía por la presencia del fantasma. El miedo, la ansiedad, la desesperación de que siguiera ahí, al acecho, tratando de encontrar el peor momento para salir. Y así vivimos en lucha por un tiempo hasta que de alguna forma el fantasma, mi cuerpo y yo, nos hicimos vecinos. Quería decir amigos pero no, vivíamos en conflicto.

Un día llegó un amigo del fantasma y co habitó con él en mi cuerpo por un rato. Este amigo es más fugaz. No es uno que suela quedarse en mi casa mucho tiempo. Aparece a veces, enseña y se va. Este amigo es gritón, mucho más grande en tamaño, color, fuerza y apariencia que este fantasma que ya podía reconocer como vecino. Este personaje nuevo me daba más miedo y tuvo el poder de hacer a un lado al fantasma tradicional. El monstruo -nuevo- me enseñó que el fantasma es sólo una emoción que vive dentro de mi que yo no quiero dejar salir porque estoy segura que si la siento, me voy a romper. Pude inferir por su comportamiento que si no aceptaba la existencia del fantasma y le daba su lugar, iba a llegar un mounstruo más grande, más gritón y con dos cabezas. Así que finalmente me rendí y acepté que un fantasma negro que yo no quería vivía dentro de mi y también acepté que probablemente tiene ahí tanto tiempo que ya estoy acostumbrada a su existencia, sólo no me gusta que otros sepan que vive dentro de mi. (Albergar fantasmas no es parte de la descripción de mujer exitosa y amorosa que me conté que tenía que ser)


El monstruo se fué y al final de mi ejercicio de silencio, me permití correr el riesgo de perder contra el fantasma. Me permití por fin, sentir el sentimiento que ES este fantastma. Un dolor mezclado con tristeza y miedo que se han ido minando a un nivel tan profundo de mi, que lloré sin parar y con mucho ruido durante todo el ejercicio. Esto no tenía sentido, no había una razón para sentirlo, no había un evento evidente que me haya generado este sentimiento. Simplemente estaba ahí. Esperando. Acechando como fantasma el momento de salir. Y al parecer, al permitirle solo vivir conmigo, sin juzgarlo, sin pelearlo, sin ponerle nombre ni temerle tanto... se fué. Y mientras salía, pude sentir un enorme alivio. Hasta puedo decir que una sensación de ligereza.


Después de enfrentar a mi fantasma he aprendido acerca de mi. Acerca de que soy capaz de estar en control y que estar en control significa poder sentir cualquier emoción y tener la habilidad de seguir funcionando. Saber con certeza que una emoción no puede matarme y que no es razón para que nadie me quiera menos, es novedoso para mí, casi como descubrir un secreto del que todos eran parte menos yo. Algo así como mi propio Truman Show.


Estoy segura que seguiré encontrando fantasmas dentro de mí y muy seguramente seguiré conociendo los fantasmas de las personas que más quiero. Y espero recordar cada vez que los encuentre, que aunque yo soy la voz, puedo darles espacio para que ellos también estén aqui. También estoy segura que estos fantasmas vienen a enseñarme más acerca de mi y hoy puedo enfrentarlos sabiendo que si no le doy el poder infinito a la emoción ó incomodidad que generan, eventualmente encontrarán la forma de mostrarme lo que necesito ver.



P.D.

Esta es para mi sensei.

El que con tanto amor me ha enseñado que yo soy mucho más que los fantasmas que no quiero ver y que enfrentándolos me convierto en la mujer exitosa y amorosa de la versión que quiero ser. GRACIAS.

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