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La misión de la pasta




Alguna vez has visto a un niño comerse un plato de pasta? Este plato que le queda mas o menos grande y esta lleno de espagueti rojo y el niño intenta una y otra vez hacer el circulito de pasta alrededor del tenedor y aunque realmente no lo logra todavía, se come los bocados de pasta con un gusto tan intenso, que empieza a abrir los ojos mas y más grandes, con un brillo cada vez más intenso y una sonrisa manchada de salsa que no puede contener. Puedes ver incluso, como va subiendo su nivel de alegría desde que llega el plato a la mesa hasta que se lo acaba… ¿Has notado que para este niño comiendo espagueti todo está bien en el mundo y lo que no estaba perfecto lo olvidó, porque ahora tiene esta experiencia que no puede dejar de disfrutar?

Este es el momento que yo he perseguido toda mi carrera en los restaurantes. Replicar este sentimiento o acercarme a uno similar es una de las cosas que me brindan más felicidad. Que te sientes en una de mis mesas y empieces a sentir algo a través de uno de mis platos, que sin darte cuenta te traigan completamente al presente, que te hagan sonreír y sentir la alegría de ese niño, poder sentir verdaderamente la compañía de con quien estás en ese momento, es para mi el mayor grado de satisfacción y el momento que yo busco generar una y otra vez.

Alguna vez cuando le platiqué a mi papa que esta es una de las grandes razones por las que yo sigo cocinando y en el negocio de la restaurantería, me sonrió y con un ligero gesto de ternura e ingenuidad me dijo: ah!.. pero no todos tenemos 6 años. A través de los años cocinar para mi papá ha sido uno de los retos y placeres mas complejos que puedo contar. A él, como al niño de 6 años y su plato de pasta, le gustan las cosas sencillas. Y sorprender con cosas sencillas no es fácil. Creo que puedo contar con la mano las veces que he podido ver este gesto en él a través de un plato o verlo totalmente invertido en el momento presente cuando está comiendo. No sé si él se acuerde, pero sí ha sucedido algunas veces, la primera vez que le di mi gazpacho, por ejemplo, o una vez que hice gnocchi en la cocina de su casa.

La cosa con mi papá es que pareciera que él puede encontrar estos momentos en muchas otras cosas. A su edad lo he visto divertirse como un niño de 6 y de alguna manera reconocer que una parte de él nunca ha dejado de serlo. Supongo que todos tenemos cosas distintas que son las que nos inspiran y nos recuerdan la alegría y nos hacen ver la vida con los ojos mas grandes y brillantes. No hay mucho que yo pueda darle a mi papa, superman ya lo tiene todo. Pero puedo decir que he encontrado algunos ingredientes y combinaciones que sé que lo hacen feliz y eso es para mi es éxito.

Paulo mi sobrino tiene 6 años y cuando lo veo comer pasta pomodoro (que es lo que quiere comer casi diario) me reconecta con esta que yo reconozco en mi, como una misión de traer alegría a los momentos cotidianos, esos casi olvidables. Nadie como él puede envolverse en un momento y dejar afuera el mundo cuando está comiendo (y cuando no también). Agradezco tener a alguien que me lo recuerda tan constantemente, porque en la rapidez de la chamba, a veces lo he olvidado.

Hoy mas que nunca seguiré buscando la forma de diseñar y cocinar platos de pasta que hagan sentir a alguien como a ese niño. Con la pandemia y el botón de emergencia y todas las peculiaridades de este 2020 ha habido momentos este año que no he disfrutado tanto esto de la restaurantería y las responsabilidades y retos que han venido con ella.

Ya no cocino tanto como antes y por mucho tiempo me sentí dividida e incluso un poco culpable por esto. ¿Cómo voy a enseñar? ¿Cómo voy a seguir persiguiendo este momento? me preguntaba, si ya no estoy "en la línea" constantemente como siempre estuve, entonces ¿ya no estoy haciendo lo que me hacía quién soy?

Resultó que si... al final las cocinas de mis restaurantes, la de mi casa, la de las casas de los amigos donde a veces también me meto, siguen siendo para mi el corazón de mi identidad. Y si un día puedo conectarte con otra parte de ti porque comiste en alguna de mis cocinas, créeme: es el regalo más grande que yo puedo ofrecerte y literalmente me paso la vida buscando como dártelo.




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